Divorcio: ¿¡qué pasa con los niños?!

Cuando una pareja decide divorciarse se suele dar la situación de ambos repartiendo las cosas, que compartieron en su momento, y sin saber cómo plantear el tema a los niños.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, en 2017 se produjeron 97.960 divorcios en nuestro país. Uno de los grandes cambios en los divorcios ha sido con la custodia compartida. El porcentaje de de padres que comparten la custodia de sus hijos ascendió a un 30.2% del total de los casos, aunque sigue siendo la opción minoritaria en casos de separación. Sin embargo, la elección de custodia compartida ha dado un salto cuantitativo en los últimos 10 años en España, pasando de apenas el 9% de los casos en 2007, dos años después de la entrada en vigor de la ley, a más del 25% en 2015.

El objetivo que se persigue con la custodia compartida es causar el menor perjuicio a los hijos y trastocar lo menos posible sus rutinas, ambiente en el que crecen y normalizar la separación. Es la situación ideal, que los padres sean capaces de mantener una relación cordial, dejando sus desavenencias a un lado y teniendo como prioridad el bienestar de los hijos en común. Pero… ¿qué sucede cuando esta relación no es buena? ¿cómo afecta a los hijos que los padres sean incapaces de relacionarse cordialmente? Carmen Jiménez, abogada de Actualidad Fiscal S.L., comenta que «la custodia compartida es hoy la fórmula que debe aplicarse prioritariamente según la jurisprudencia del Tribunal Supremo. Pero, en el caso de que exista una mala relación entre los progenitores, la custodia compartida no está indicada. Los jueces tienen muy en cuenta la relación de los padres y el menor, si ésta no es buena, difícilmente se podrá compartir nada, y mucho menos, un hijo«.

Cuando los adultos no son capaces de poner cordura a una situación de divorcio, complicada de por sí, y se enrocan en los celos y la venganza, se pueden dar situaciones muy complicadas para los hijos que están por medio. Algunas de las consecuencias que puede sufrir los hijos de menor edad son:

  • Sentimientos de culpa
  • Conductas disruptivas
  • Problemas de adaptación

En el caso de adolescentes, si la situación se vuelve muy grave, pueden aparecer problemas con el alcohol, drogas, agresividad…

¿Esto quiere decir que cuando la situación de divorcio se complica se darán estas consecuencias? No, simplemente, no facilitar a los más pequeños la transición hacia una nueva estructura familiar y no ayudar a normalizarlo, puede influir en un afrontamiento de la situación menos adaptativo.

No sólo en los casos más complicados pueden aparecer los problemas, también cuando dejamos a los menores de lado y no se les explica la situación que van a vivir en el futuro. Los psicólogos recibimos cada vez más peticiones de padres divorciados que no saben cómo afrontar el tema con sus hijos, que tienen miedo a hacerles daño o a posibles consecuencias negativas. ¿Con qué herramientas contamos para ayudar a nuestros hijos en un proceso de divorcio?

Fundamentalmente con la comunicación y permitir la expresión de las emociones. Los niños y niñas, desde edades muy tempranas, son capaces de entender y controlar gran cantidad de situaciones emocionales, incluso las que conllevan sufrimiento. Siempre que se lo expliquemos adecuado a su edad y momento evolutivo, serán capaces de comprender lo que ocurre. Con el divorcio pasa lo mismo; un cambio en la estructura familiar, nuevos hogares, puede que nuevas personas, todo ello tiene que ser explicado. Cuando decimos que los niños pequeños necesitan rutinas en su día a día, no es por otro motivo que el de tener una certeza de lo que va a pasar y, por tanto, saber qué tienen que hacer. Todo eso genera seguridad en los pequeños, igual que en los adultos, las situaciones que más nos afectan son las de desconocimiento, si no sé lo que pasa no sé si puedo enfrentarme a ello. Muchas veces intentamos dejarles al margen en los divorcios por miedo a causarles sufrimiento, pero éste puede ser mucho peor si les ocultamos información y les hacemos sujetos pasivos, es importante que tengan un papel activo. Está claro que la decisión es cosa de adultos y en eso ellos no van entrar, pero pueden participar en otros aspectos. Por ejemplo, en elegir los muebles de su habitación de la nueva casa de mamá o papá; decidir juntos las normas que habrá en la nueva casa… De esta forma se sentirán parte del proceso y no simples espectadores que cambian de casa cada pocos días, sin entender muy bien el motivo.

Y ¿qué pasa si no sé explicárselo de una manera adecuada? Por supuesto, siempre tenemos la opción de acudir a profesionales que nos echen una mano, psicólogos especializados en infancia y en familia, orientadores, mediadores… También existe hoy en día toda una gama de libros y cuentos infantiles que trabajan el tema de las separaciones, unir una narración con imágenes, personajes, lugares… estimulando la imaginación de los niños, permitiendo que puedan identificarse con la experiencia de terceras personas son técnicas muy eficaces para ayudarnos en estos casos.

Intentemos normalizar todo lo posible una situación de cambio importante como es un divorcio, pensemos primero en los menores en que sufran el menor impacto, que disfruten de sus padres, que sepan en todo momento lo que van a vivir, los cambios que van a venir… Puede que más de uno se sorprenda de la capacidad de los pequeños de entender las cosas si se lo explicamos con naturalidad.

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