Construyendo un apego seguro

¿Cuantas veces hemos oído mencionar el apego? ¿o nos han contado la importancia de construir un apego seguro? Realmente… ¿en qué consiste el apego?

El apego es un vínculo que se crea entre un bebé y un adulto. Aquí hablamos de apego entre bebé y mamá (o la principal figura que lo cuide en los primeros meses de vida). Se trata de una relación asimétrica, la madre es necesaria para la supervivencia del bebé, pero no al contrario. Por ello, los bebés nacen «programados» para enamorar a sus padres y asegurarse el apego y la supervivencia. Con el paso del tiempo, compartiendo momentos, aportando cuidados, el vínculo de apego se convierte en una relación con sentimientos de amor, entre otros, pero el apego por sí mismo, no involucra estos sentimientos.

¿Qué supone el apego?

El psicólogo Rafael Guerrero define el apego seguro como «el tipo de apego que tiene un niño al que sus padres o cuidadores principales han respondido de manera empática y responsable a todas sus expresiones emocionales, tanto negativas como positivas». Son niños a los que se les ha dado autonomía (siempre adaptada a cada nivel evolutivo) y responsabilidades, les dejan ser y expresarse. Es la sensación de seguridad, de que al lado de esa persona tenemos estabilidad y nunca nos faltará y nos pasará nada. Todo ello da como resultado la certeza de tener aceptación incondicional y el mensaje es claro ¡tú puedes con lo que te propongas y estaré aquí para lo que necesites! Eso, aunque parezca complicado y el bebé sea muy pequeñito, es capaz de buscarlo y sentirlo… si generamos un apego seguro. Hay varios tipos de apego, porque siempre se da, incluso aunque no sea positivo como sucede con el apego desorganizado, por ejemplo. El vínculo siempre se crea, incluso en las peores situaciones.

Como bien hemos dicho, el apego se construye día a día, a lo largo de toda nuestra vida y se trata de vínculos especiales que tenemos con determinadas personas, no es un vínculo que se generalice a todas las personas que nos rodean. Hay una figura de apego que da cuidados y cariño y la otra que es la que los recibe, no es como una relación de amistad o amor, en la que ambas partes dan y reciben.

El primer apego suele establecerse a los 7 meses de vida aunque, como hemos dicho, se construye hasta el final de nuestros días, de hecho, el curso natural del apego conlleva etapas en las que éste disminuye, por ejemplo en la adolescencia, ya que nos sentimos más identificados con el grupo de iguales (amigos o compañeros). La figura más habitual de apego suele ser la madre, principalmente, por la vinculación emocional que sucede durante el embarazo. Pero puede ser cualquier cuidador principal (padre, abuelo/a…).

El contacto físico es necesario para un apego seguro, al igual que pasar tiempo juntos compartiendo actividades, risas, juegos, mimos. Legitimar las emociones de los hijos, todas, sin excepción, las positivas y las negativas. No se trata de aguantar rabietas y mal genio, se trata de entender esas expresiones emocionales, no negarlas y permitir que los peques las experimenten y encuentren una salida más productiva. Permitirles conocer, explorar, acompañándoles para lo que puedan necesitar, enseñándoles otras veces y, más adelante, observando cómo logran hacerlo por ellos mismos.

Y… ¿qué pasa si construimos un mal apego?

Si contamos con que el apego es la base de la seguridad y la autoestima de las personas (saberse seguro y querido) y tenemos un apego desadaptativo a cualquier nivel, es como construir un edificio muy alto con unos cimientos de paja… Probablemente no salga del todo bien. Si los cimientos no son fuertes, todo lo que construyamos encima se tambaleará hasta caerse. Podemos tener desde complicaciones con la empatía y con aspectos emocionales, hasta las patologías más variopintas en los casos más desafortunados.

La importancia de todo esto radica en que cada uno construya el apego a su manera, pero teniendo en cuenta que para ello es necesario estar presente y disponible para el bebé, tanto física como emocionalmente. Lo que para unos padres puede ser algo muy importante otros pueden no tenerlo siquiera en cuenta. Y es que no hay una única manera de construir el apego, pero sí hay que tener presente lo que deseamos y esperamos para nuestros hijos en un futuro para, con los objetivos claros, saber cómo queremos vincularnos con ellos.

Imagenes de www.unsplash.com

Educación emocional y apego (Rafael Guerrero, Libros Cúpula, Ed. Paneta S.A., 2018)

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